MARIA CALLAS

 

MARIA CALLAS: UN MITO MUERTO HACE 30 AÑOS

Maria Anna Cecilia Sophia Kalogeropoulos más conocida por el nombre artístico de Maria Callas fue una gran soprano griega, y es considerada como la más famosa cantante de ópera del periodo de posguerra.

Callas combinaba una impecable técnica de bel canto con un gran talento dramático, lo que le hicieron la más famosa actriz cantante de aquella época. Era extraordinariamente versátil, ya que su repertorio iba desde la ópera seria clásica, como La Vestale de Gaspare Spontini, hasta las óperas de Giuseppe Verdi, o Giacomo Puccini. Parece ser que eso fue la causa de muchas críticas para Callas, a la que sus estudios de la coloratura le permitieron cantar papeles tan diferentes

Era hija de Evangelia Dimitriadis y George Kalogeropoulos, una pareja que había llegado a América en agosto de 1923. En 1929 George Kalogeropoulos abrió una farmacia en un barrio griego de Manhattan y cambió el nombre de la familia por Callas. Cuando su madre, separada de su padre, volvió a Grecia en 1937, cambió el nombre otra vez por Kalogeropoulos; Maria fue con ella, y comenzó su formación en el Conservatorio Nacional de Atenas, para entrar tuvo que fingir sobre su edad, ya que se debían tener más de 16 años. Estudió con la soprano Maria Trivella, y después coloratura con Elvira de Hidalgo,

Su debut fue en 1940 en el Teatro Lírico Nacional de Atenas en la opereta Boccaccio. El primer éxito lo tendría en 1942 con la ópera Tosca en la Ópera de Atenas. Pronto cantó Fidelio, Tiefland, y Cavalleria Rusticana, también en Atenas. En 1944 las fuerzas ocupantes pierden el control de Grecia y la flota británica llega a El Pireo. Maria Kalogeropoulos decide volver a los Estados Unidos para encontrar a su padre.

Sus éxitos no fueron muchos hasta que la quiso escuchar Edward Johnson el director general del Metropolitan ópera, quien le ofreció inmediatamente los principales papeles en dos producciones en las temporadas de 19461947: Fidelio de Ludwig van Beethoven, y Madama Butterfly de Giacomo Puccini. Para sorpresa de Johnson, Maria rechazó los papeles: no quería cantar Fidelio en inglés, y consideraba que no era apropiada para el papel de Butterfly.

Encuentra trabajo en 1946, pero continúa la práctica vocal vigorosa para perfeccionar su técnica. Encuentra un agente: Eddie Bagarozy y acepta cantar en la ópera Turandot en Chicago en enero de 1947 con un reparto de cantantes europeos célebres en una compañía que sería fundada por Bagarozy y Ottavio Scotto, un empresario italiano.

María Callas evidenció tener un caractér muy fuerte y determinante en sus decisiones y que se evidenciaría en el trato con su madre y más tarde con Aristóteles Onassis

Maria conoció en New York al tenor italiano Giovanni Zenatello, director de la opera Arena de Verona quien la contrata para cantar "La Gioconda" de Ponchielli en ese teatro. Viaja entonces a Italia en compañía de la esposa de Bagarozy, Louise y allí conoce a su primer esposo, un acaudalado industrial de la construcción llamado Giovanni Battista Meneghini, 30 años mayor que ella y quien fue decisivo en la gestión de la incipiente carrera de la soprano.

Su debut en la Arena de Verona en 1947 bajo la batuta de Tullio Serafin en la opera de Ponchielli fue un exito agradable pero no repercutió inmediatamente en nuevos contratos. Así, Callas se encontró nuevamente sin empleo, pero gracias al apoyo brindado por Meneghini logra seguir estudiando canto privadamente, audicionando luego para Serafin en el dificil papel protagonista de "Tristan e Isolda" de Richard Wagner que se iba a presentar en el teatro La Fenice de Venecia en la siguiente temporada. Logra el papel y debuta en el teatro veneciano obteniendo un clamoroso éxito que le permite cantar posteriormente Turandot de Puccini y Brünnhilde en Die Walküre, con Tullio, las temporadas de 19481949. En Venecia debía ser representada la ópera I Puritani, de Vincenzo Bellini (el llamado “el Chopin de la ópera”) con Margherita Carosio en el papel de Elvira. Una tarde Maria se había cansado de hacer de Brünnhilde y comenzó a leer la música de Elvira. Cuando la esposa de Serafin la escuchó se lo dijo a su marido y pidió a Maria que lo cantase. Además Carosio estaba enferma y era necesario hacer una substitución. La mañana siguiente Maria cantó para el Director Musical de la Casa de la ópera quien decidió que Maria sería la mejor elección como Elvira. Se le dio una semana para aprender la ópera entera, una semana que comprendía tres representaciones de Die Walküre. después de la primera representación de I Puritani, el 19 de enero de 1949 se convirtió en la voz de Italia.

Después de su Elvira en Venecia, Maria se convirtió en una celebridad en Italia, pero todavía no se le había ofrecido un papel en La Scala de Milán. Finalmente se le ofreció un papel en la Aida de Giuseppe Verdi después de que Renata Tebaldi no lo pudiera cantar. Maria y Meneghini esperaban un gran suceso, pero cuando comenzaron las representaciones de Aída el 12 de abril de 1950 tuvo un acogimiento cortés. No fue hasta el 7 de diciembre de 1950 cuando La Scala se rindió a Maria Callas. Había abierto la temporada del 19501951 con I Vespri Siciliani, de Giuseppe Verdi, y fue recibida con un clamoroso aplauso.

En julio de 1952 firmó un contrato de grabación exclusiva con Walter Legge, productor musical de EMI. Pocos días después Legge y su mujer, la soprano alemana Elisabeth Schwarzkopf, fueron a ver a Maria en La Traviata en el Arena de Verona. Siguiendo la representación Schwarzkopf ofreció a Callas uno de los tributos más conmovedores: Elisabeth no cantaría nunca más La Traviata. Cuando se le pidió una explicación Schwarzkopf respondió: “¿Cuál sería el sentido de hacerlo si otro artista contemporáneo lo puede hacer perfecto?”

El 17 de noviembre de 1955 fue el día en que Maria adquirió la reputación de ser una tigresa. Acababa de representar Madama Butterfly en el Lyric ópera de Chicago y entre bastidores estaba celebrando su triunfo. La audiencia continuaba aplaudiendo mientras se acerca el oficial de justicia Stanley Pringle, que le presentó un requerimiento en el juzgado por haber sido demandada por su anterior representante: Eddie Bagarozy, por muerte de un contrato de 1947, que designa a Bagarozy como único representante. Aunque no habían tenido contacto durante muchos años, Bagarozy reclamaba que él tenía un porcentaje de los honorarios de Callas y que con los gastos hechos por su cuenta sumaban 300.000 dólares. El caso fue dirimido en el juzgado el 7 de noviembre de 1957 según unos términos que no se hicieron públicos.

Finalmente hizo su debut en el Metropolitan ópera el 28 de octubre de 1956 como Norma en la ópera del mismo nombre de Vicenzo Bellini. Desgraciadamente para Maria la revista Time hizo una entrevista a su madre, la mujer a la que había culpado de robarle su infancia. Callas vio a su madre por última vez en México en 1950, y prometió no volverla a ver o hablarle nunca más, promesa que mantuvo hasta su muerte. El artículo del Time presentaba a Callas como una hija desagradecida y el público recibió su debut fríamente. De hecho la soprano Zinka Milanov recibió más aplausos que Maria Callas. Pero hacia el acto final el público de Nueva York se rindió y Callas hizo 16 salidas delante del telón.

Decadencia y final [editar]

La próxima vez que Maria tenía que salir en los titulares sería para una representación de Norma a la Casa de la ópera de Roma el 2 de enero de 1958. La representación era en honor del Presidente de Italia, Giovanni Gronchi y su esposa.

Desgraciadamente Maria había sido vista en Nochevieja bebiendo champán hasta muy tarde en la sala de fiestas de moda de Roma: Circolo degli Sacchi. Cuando Maria despertó, menos de treinta y seis horas antes de levantar el telón, había perdido la voz. Se informó a la Casa de la ópera que se le debía substituir, pero no había ninguna actriz substituta. Maria, contra las órdenes de los médicos, fue al escenario pero tenía claro que desde la primera nota su voz estaba en ruinas. Al final del primer acto, la mitad de la audiencia le gritaba con burlas. Maria salió rápidamente por una puerta de detrás, y anunció que lo había hecho porque la representación simplemente no iba bien. El público estaba furioso pero Maria fue dispensada cuando recibió la llamada de la Señora Gronchi asegurándole que ni ella ni su marido se habían ofendido.

El 3 de noviembre de 1959, dejó a su marido Giovanni Meneghini para iniciar una relación sentimental con el multimillonario magnate griego Aristóteles Onassis, que la prensa de la época difundió con exhaustividad. Esta tortuosa relación sentimental significaría su propia tragedia griega para Callas.

La soprano se retiró durante un breve tiempo mientras duraba su relación con Onassis y al volver a escena a nadie se le escapó que su voz había perdido fuerza y evidenciaba los primeros signos de decadencia.

Por aquel tiempo (1961) Maria representaba Medea en La Scala. No tenía buena voz y el 11 de septiembre de 1961 durante el primer acto en el dueto con Jason (interpretado por Jon Vickers), la audiencia comenzó a pitar. Maria ignoró el batiburrillo hasta que llegó el punto en el texto donde ella denuncia a Jason con la palabra “Crudel!” (¡Hombre cruel!); después del primer “Crudel!” paró de cantar; miró al público y le dirigió su segundo “Crudel!”; hizo una pausa y comenzó otra vez con las palabras: “Ho dato tutto a te” (Te lo he dado todo) haciendo un gesto como si amenazara con el puño a la galería; la audiencia paró de silbar, y Maria recibió un fuerte aplauso al final.

En mayo de 1965 la voz de Callas volvió a ser objeto de disputas. Estaba representando Norma en la ópera de París con Fiorenza Cossotto como Adalgisa. Cossotto supo que Maria estaba extenuada y que su voz era débil por la cual la Cossotto quería atraparla. La noche del final de Norma, el 29 de mayo, Maria era más débil. Para empeorar las cosas, Cossotto hizo del gran dueto un duelo. Al final, cuando el telón cayó, Maria se hundió y fue llevada inconsciente a su camerino.

En 1965 realizó su última representación de ópera con Tosca en el Covent Garden londinense. Tenía 41 años. En 1966 Callas renuncia a la ciudadanía americana y toma la nacionalidad griega. De esta manera técnicamente anula su matrimonio con Meneghini. Tenía la esperanza de que Onassis, a quien en verdad amaba, le propusiese matrimonio, pero Onassis bajo variados pretextos nunca la complacía.

El 20 de octubre de 1968 Onassis abandonó abruptamente a Callas para casarse con Jacqueline Kennedy, la viuda del presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy, asesinado en Dallas. Callas, herida en lo más profundo de su orgullo, nunca pudo superar el mal trance por el abandono de Onassis y jamás se lo perdonó.

En junio de 1969, Maria empezó a trabajar en el film Medea (no la ópera de Cherubini, ni la tragedia de Eurípides, sino sobre el mito de Medea) con Pier Paolo Pasolini. Penosamente cantaba pero todavía trabajaba duramente. Tan duro que un día se desmayó después de correr sobre el lecho seco de un río al sol para una escena. Desgraciadamente el film no tuvo éxito.

Hacia el 1970 la carrera de Maria como cantante tuvo una parada repentina. El 25 de mayo tuvo que acudir corriendo al ‘hospital y se anunció que había querido suicidarse con una sobredosis de barbitúricos. Por aquel tiempo tomaba más somníferos para dormir, y más barbitúricos para encontrar la paz.

Volvió a los escenarios en 1973 con Giuseppe di Stefano. Por primera vez en ocho años Maria Callas volvía a cantar en público. A principios de enero de 1973, Alexander, el hijo favorito de Aristóteles, fallece en un accidente. Además el matrimonio con Jacquie iba de mal en peor. Onassis intentó reconquistar a Callas a pesar de estar todavía casado con Jacquie Kennedy, pero ella no quiso o al menos no intentó volver con él y lo rechazó cuando se encontraron en Octubre de 1973, en París, donde ella residía.

Quedó claro desde el primer concierto en Hamburgo, el 25 de octubre que la gira sería, desde el punto de vista artístico, un desastre. Callas y di Steffano tenían un acompañante: Ivor Newton, que llevaba bastante bien sus ochenta años. Newton comenzó a tener momentos vertiginosos en la calle, y a hacer quimeras sobre su muerte. Una vez dijo a Robert Sutherland, que giraba las páginas a Newton, "si tengo un ataque de corazón mientras Maria está cantando una nota alta, me tienes que dar un empujón fuerte a mi banqueta y continuar tú como si nada hubiera pasado”. Maria rechazó discutir con Newton, pensando que lo podía matar. Sutherland en ocasiones les acompañó cuando la gira viajó a los Estados Unidos. El concierto final tuvo lugar el 11 de noviembre de 1974 en Sapporo. Era el último lugar del planeta donde se escucharía cantar a Maria Callas.

En los últimos años de su vida, Maria Callas impartió algunas clases en la Juilliard School de Nueva York, y se instaló definitivamente en París en la más completa soledad hasta su muerte a los 53 años.

El 16 de septiembre de 1977 se despertó en su casa de París. Desayunó en la cama, salió y fue hacia el cuarto de baño. Tenía un dolor punzante en el costado izquierdo y se desmayó. Fue llevada otra vez a la cama y bebió un café fuerte. Cuando no pudieron conseguir ayuda médica, reclamaron la presencia del médico del mayordomo, que salió inmediatamente hacia la residencia de Maria. Había muerto antes de que llegara. Su funeral tuvo lugar el 20 de septiembre y su cuerpo fue incinerado en el cementerio parisino de Père Lachaise. Las razones de su muerte quedan poco claras: oficialmente se trató de una "crisis cardíaca", pero no se descarta que se suicidara ingiriendo una dosis masiva de tranquilizantes; las prisas con las que fue incinerada, el robo de su urna fúnebre (que se encontró unos días más tarde) y la dispersión de sus cenizas en el Mar Egeo en la costa griega, la primavera del 1979 hicieron imposible una autopsia

Con una tesitura de soprano, afrontó una amplia gama de papeles, desde el bel canto al de soprano dramática siendo su tipología vocal muy peculiar y dificil de clasificar, tanto por su particular timbre de voz, que no era bello según los cánones de belleza de la época, como por sus agudos a veces chillones y graves asperos pero con una sorprendente capacidad de matizar, lo que ha llevado a algunos críticos a considerarla como "soprano sfogato", una clase de cantante-actriz dramática pero capaz de ejecutar agilidades, siendo heredera directa de Giuditta Pasta, la musa de Vincenzo Bellini. Permanece en el recuerdo como una de las mayores cantantes del siglo XX, por su capacidad de dotar de vida a los personajes que interpretaba de forma magistral siendo muy atractiva en escena, muy magnética.

Maria Callas es sin ninguna duda la más famosa cantante de la segunda mitad del siglo XX, su reputación no obedece sólo a razones artísticas. Su vida privada y su relación con Aristóteles Onassis, hicieron que ocupara portadas de la prensa sensacionalista cuando su carrera estaba prácticamente terminada. En realidad, después de iniciar su relación con Onassis, su carrera entra en una etapa de declive.Más allá de anécdotas sin interés, se olvidaba todo lo que había aportado al género lírico en una época en la que el público empezaba a alejarse de los espectáculos convencionales y rutinarios. Verdaderamente, los grandes éxitos de su carrera, que le garantizan uno de los lugares más importantes en la historia de la ópera, tuvieron lugar antes de su relación con Onassis. Su técnica, trascendente, le permitió abordar estilos tan distintos como los de:

Sus grandes creaciones, sin duda, fueron los papeles principales de Norma, Traviata, Lucia, Tosca, Macbeth, La Gioconda, Il Trovatore y La Sonnambula. No se libraba a un virtuosismo gratuito sino que trataba de hacer la música más expresiva y restituir a las partituras su verdad musical y su verosimilitud dramática utilizando cualidades y defectos de un timbre de voz cuya pureza no era de primerísima calidad. Fue una de las primeras que demostró que en la Ópera se podía hacer una interpretación como en el teatro o en el cine, y utilizar el físico y el cuerpo. De los dos papeles que ha marcado para siempre, Norma y Tosca, hizo auténticas recreaciones. Y todo ello gracias a una intuición artística infalible, que se apoyó en un gran trabajo

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Una respuesta a MARIA CALLAS

  1. El mito no está muerto. Hay libros y discografía que mantienen la figura de la María viva. No se puede hablar de opera clásica sin dejar de mencionar a María Callas

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