EL PACIENTE EGOISTA

PACIENTE EGOISTA

Los enfermos difíciles piden demasiado a quienes les rodean y aprovechan sus situación para obtener beneficios. Si el paciente tiene un grado aceptable de salud mental y ha llegado a quererse con sus limitaciones, también aceptará mejor su debilidad. Lo que este tipo de enfermos hacen es ocultar dentro de sí mismo a un niño intransigente e infantíl que no ha sabido hacerse cargo de su vida.

Hay buenos y malos enfermos. Los primeros no dan la lata a quienes les rodean, siguen las instrucciones sin protestar y, por lo general, se curan antes. Los segundos reclaman constantemente atención, se quejan muchísimo, se ponen de mal humor y siempre se imaginan lo peor, no colaboran y agotan a quienes les cuidan. Y es que el modo de vivir la enfermedad tiene mucho que ver con la subjetividad de cada uno. Si el paciente tiene un grado aceptable de salud mental y ha llegado a quererse aceptando sus limitaciones, también aceptará mejor cualquier fallo o debilidad de su cuerpo.

Cuando se cae enfermo, se retira el interés que teníamos en los otros y en todo lo que nos rodea y nos centramos en nosotros mismos, en lo que sentimos, en lo que nos duele, en lo que pretendemos curar. Los enfermos difíciles tienen, a priori, una demanda excesiva sobre los otros y, aunque no sean conscientes, aprovechan su enfermedad para obtener algún beneficio. La usan para ser objeto del cuidado y la preocupación de otro.

Todos tenemos una cantidad de energía vital o libido que repartimos entre los otros y nosotros. Dedicamos a los otros ideas y sentimientos, pensamos en ellos y tenemos una representación de cómoson en nuestro psiquismo, que recibe una cantidad particular de energía psíquica. Cuanto más queramos a alguien o más importante sea para nosotros, más espacio ocupará en nuestra mente y más libido le destinaremos. De forma similar, el propio cuerpo encuentra una representación en nuestra mente dentro de una serie de recuerdos y sensaciones a los que queda asociado. La imagen corporal de nosotros mismos tiene que ver también con las vivencias que hemos tenido con otros.

LA CLAVE

La enfermedad nos enseña nuestra fragilidad como humanos. Según como nos llevemos con nuestras debilidades, la aceptaremos mejor o peor.

El enfermo que lleva muy mal su dolencia no sólo no acepta las carencias en él, sino que tampoco las reconoce en el otro. Por esa razón, no piensa en el agotamiento que puede producir en quien lo cuida.

Si no se han saldado cuentas con el pasado, una enfermedad se puede utilizar para obtener beneficios secundarios. Por ejemplo: ser cuidado, no responder a las demandas externas o chantajear a otro para mantenerle cerca. Tales actitudes muestran la extrema dependencia que se tiene del otro.

Quien cuida a un enfermo demasiado demandante, hasta el agotamiento, sin ponerle límites, le gusta ser necesitado.

El paciente egoísta canaliza a través de sus quejas y su cuerpo dificultades psicológicas que pertenecen al pasado y que no le han dejado crecer.

María Dolores Barba

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